#Opinión La ciudad y los perros

Por Guillermo Ochoa

El lamentable caso de la muerte de una pequeña tras ser atacada por un perro de raza pitbull pone de relieve, una vez más, la falta de conciencia social sobre el trato y cuidado de las mascotas en México y la poca esperanza de que la cultura en torno al cuidado animal se desarrolle.

Para conocer las razones de la trágica agresión del perro hacia la niña, se debe identificar el contexto en el que el animal fue criado. Aparentemente, el pitbull se encontraba dentro de una jaula de la que salió por descuido de la persona encargada. La ansiedad que le generó estar enjaulado, el nerviosismo por desconocimiento y su potencia física resultaron en un coctel fatal. ¿Por qué estaba enjaulado?, ¿cuánto tiempo llevaba?, ¿había sido alimentado e hidratado? Expertos veterinarios y etólogos afirman que un perro no ataca por su raza, sino por el contexto en el que ha crecido y la forma en que ha sido tratado.

Según informes de la Policía, el predio estaba destinado, justamente, a la cría de perros pitbull, raza muy utilizada en peleas ilegales. Aunque no se ha podido establecer si éstos ejemplares eran o iban a ser utilizados para estos lucrativos fines, no sería raro que así fuera. A pesar de las prohibiciones y los compromisos de las autoridades para erradicar estos sádicos espectáculos, es algo que sucede cotidianamente en la Ciudad de México. Muchos perros viven un infierno al ser criados para pelear. Permanecen en espacios mínimos, sin un rayo de luz, para odiar cualquier estímulo en forma automática; son víctimas de golpizas y pinchazos para que respondan ante la violencia; algunos son inyectados con esteroides y son alimentados con sangre, para que el sabor los atraiga. Prácticas deleznables que sólo corresponden a una sociedad enferma.

Sorprende y alienta que exista un avance en materia de leyes de protección animal, pero, en un país en el que las leyes no se cumplen, esto no sirve de mucho. Además, en México, los temas relacionados con los derechos de los animales quedan en segundo plano. Para muy pocos son prioridad. Son, simplemente, de otra categoría. ¿Qué podemos esperar de una denuncia por maltrato o crueldad animal en un sistema perezoso, negligente y corrupto? A lo mucho, una reprimenda o llamada de atención. Los castigos ejemplares podrán existir en el papel, pero difícilmente se pondrán en práctica.

Sin embargo, la raíz del problema es de educación y respeto. La crueldad animal simplemente no debería existir en una sociedad madura. Es producto de la ignorancia y el resentimiento.

Decía Gandhi que la grandeza de una nación se puede juzgar por el trato que se le da a los animales, y -desafortunadamente- no es algo de lo que podamos presumir. Hace falta mucho trabajo de información y difusión para que el grueso de la población comprenda la responsabilidad de cuidar y respetar a otros seres, de saber que a toda conducta obedece una reacción y evitar así que casos como el de la niña pequeña y el pitbull se repitan.

Propuesta de animales

Por cierto, que diputados de Morena en la Asamblea Legislativa proponen que los perros y gatos que las autoridades rescatan de las calles por haber sido abandonados sean utilizados para fines de investigación y experimentación, lo que contraviene a la Ley de Protección Animal. Como si por no tener dueño, no sintieran y no sufrieran los efectos de un proceso científico de tales características. Hágame el favor.

 

Columna tomada de 24 Horas. 

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