El verdugo de Satélite

La noche del viernes, varios vecinos de Ciudad Satélite escucharon, al caer la noche, los lastimosos gemidos de unos perros.

No era la primera vez que ocurría. Algunos de ellos, al transitar frente a un domicilio de Circuito Juristas y escuchar sus escalofriantes aullidos de dolor, habían tenido la certeza de que los animales eran apaleados con verdadera saña.

Uno de ellos puso alguna vez una denuncia en la Subprocuraduría de Protección a la Fauna, dependiente de la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México, Propaem.

Aunque el gobernador Eruviel Ávila declaró al Edomex “entidad amiga de los animales”, la denuncia no tuvo seguimiento.

Los gemidos, sin embargo, volvieron sistemáticamente. Dos vecinos atestiguaron lo que ocurría.

Decidieron contármelo y desde entonces estoy lleno de rabia y me siento profundamente infeliz.

En aquel domicilio una persona le amarra el hocico con un cinturón a sus perros y luego los patea hasta cansarse.

En octubre de 2015, el Congreso del Edomex aprobó por unanimidad de votos tipificar el maltrato animal como delito y castigar los actos de tortura hacia los animales con penas de seis meses a tres años de prisión, y con multas de 100 a 200 días de salario mínimo.

El Congreso estableció también una pena de seis meses a tres años de cárcel a quien abandone a cualquier animal, de manera que quede expuesto a riesgos que amenacen su integridad, la de otros animales o la de otras personas.

El Edomex, así como la capital del país y estados como Colima, Guanajuato, San Luis Potosí, Jalisco, Puebla, Nayarit, Yucatán, Quintana Roo y Chihuahua han modificado  recientemente sus códigos para tipificar como delito el maltrato animal: se estima que entre 60 mil y 80 mil animales mueren en México cada año a causa del maltrato.

Las redes sociales han probado su inmensa capacidad de articulación viralizando imágenes y videos en que se muestran casos horrendos de maltrato.

Sin embargo, contadas personas en la Ciudad de México y el estado de Chihuahua han pisado la cárcel a consecuencia de estos actos deleznables.

En el Levítico, un ángel recrimina a un hombre por golpear a un burro con su bastón. Pero no fue sino hasta el siglo XIX que alguien se tomó en serio la relevancia moral de nuestro compromiso hacia los animales: el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, el primero que se tomó en serio la crueldad del hombre y su responsabilidad en el sufrimiento de los animales.

“El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales”, escribió. “Al perro, ese animal tan inteligente que es el más auténtico y ᴨel amigo del hombre, éste le encadena. No hay una vez en que semejante espectáculo no suscite mi más profunda compasión hacia el perro y una enorme indignación hacia su dueño”. Schopenhauer relató la siguiente anécdota:

“Recuerdo con satisfacción un caso… lord X mantenía encadenado un gran perro. Cierto día, al atravesar el patio, se le ocurrió la feliz idea de acariciarle, a lo que el animal respondió desgarrándole el brazo de arriba a abajo. ¡Hizo muy bien! Con ello quiso decir: ‘Tú no eres mi amo sino el demonio que convierte mi breve existencia en un infierno”.

A Schopenhauer, un perro llamado Atma (palabra hindú que significa “alma del mundo”) lo hizo humano. Lo conquistó la transparencia de su ser y “ese movimiento de cola tan benévolo, tan expresivo, tan profundamente honrado”. “Si no hubiera perros no querría vivir”, confesó. En el siglo XIX, por el camino del agradecimiento y de la compasión, Schopenhauer abrió un lugar en el mundo para los perros y señaló a sus verdugos como demonios.

Esos demonios existen en nuestro siglo. Están en las redes sociales y también detrás de los muros de las casas.

“Cuando más indefensa está una criatura, más derecho tiene a que el hombre la proteja de la crueldad del hombre”, reza una frase de Gandhi.

En atención a ese derecho, los vecinos denunciaron nuevamente al verdugo de Satélite ante la PROPAEM. Su caso quedó registrado con el folio 1225.

Esperan que esos animales sean rescatados y que en esta ocasión sí se cumpla con la ley.

Columna tomada de EL UNIVERSAL. 

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